En un artículo publicado el 26 de marzo de 2025, el periodista y analista Carmelo Jordá: El triste papel de Óscar López ofrece una mordaz crítica sobre el papel de Óscar López en el gobierno de Pedro Sánchez. El texto, que no escatima en adjetivos poco halagadores, pone de manifiesto la creciente preocupación por las maniobras del ejecutivo en su intento de controlar los medios de comunicación.
Jordá comienza su análisis con una descripción poco favorable del protagonista: «Óscar López, que además es antipático, casi desagradable con esa cara de oscuro funcionario trepa, es un auténtico regalo para Díaz Ayuso«. Esta caracterización establece el tono del artículo, que no duda en señalar la falta de carisma y la percepción negativa que López genera incluso entre sus propias filas.
El columnista contextualiza la situación actual en el marco de las recientes maniobras del gobierno para influir en los medios de comunicación. Se hace eco de las noticias que han sacudido el panorama mediático español en los últimos días:
«El nuevo manual de resistencia de Sánchez: ‘TelePedro’, ‘Zona Roja’ y hasta cinco leyes para amedrentar a los medios»
Esta frase, extraída de los titulares recientes, sugiere una estrategia coordinada por parte del gobierno para ejercer un control más estrecho sobre la narrativa mediática. El artículo de Jordá se enmarca en este contexto de tensión entre el poder político y la libertad de prensa.
La crítica de Jordá no se limita a López, sino que se extiende al propio presidente del gobierno. El autor señala cómo Sánchez ha convertido las comparecencias parlamentarias en monólogos extensos y poco sustanciales:
«Sin embargo, lo que parecía una comparecencia, Sánchez lo ha convertido en un monólogo de cerca de una hora. El propio líder de oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha criticado las palabras del presidente porque ‘no ha dicho nada’ que cualquier persona no haya visto en los medios»
Esta observación subraya la percepción de un gobierno más preocupado por controlar el mensaje que por abordar los problemas reales del país.
El papel de Óscar López en este entramado es particularmente criticado por Jordá. Se le presenta como un peón en la estrategia de Sánchez, dispuesto a llevar a cabo las tareas más controvertidas:
«Las maniobras del Gobierno en su intento de apoderarse de Prisa: Óscar López amenazó al presidente de Vivendi»
Esta acusación, que forma parte de los titulares recientes, sugiere un nivel de agresividad en las tácticas gubernamentales que va más allá de lo aceptable en una democracia sana.
El artículo de Jordá no solo critica, sino que también advierte sobre las consecuencias de estas acciones. Al describir a López como un «regalo» para la oposición, específicamente para Isabel Díaz Ayuso, el autor sugiere que estas tácticas podrían resultar contraproducentes para el gobierno a largo plazo.
La glosa de este artículo no estaría completa sin mencionar el contexto más amplio en el que se desarrolla. España se encuentra en un momento de intensa polarización política, con debates encendidos sobre la libertad de expresión, el papel de los medios y los límites del poder gubernamental. El texto de Jordá es un reflejo de estas tensiones y un llamado de atención sobre las prácticas que, según el autor, amenazan con socavar los principios democráticos.
En conclusión, el artículo de Carmelo Jordá sobre Óscar López es mucho más que una crítica personal. Es un análisis agudo de las dinámicas de poder en la España actual, una advertencia sobre los peligros de la manipulación mediática y un recordatorio de la importancia de mantener una prensa libre e independiente como pilar fundamental de la democracia. La figura de López, presentada como el «oscuro funcionario», se convierte en un símbolo de las preocupaciones más amplias sobre la dirección que está tomando la política española bajo el liderazgo de Pedro Sánchez.