CINCO MUERTOS Y CUATRO HERIDOS EN ACCIDENTE MINERO

Explosión en Cerredo: El suceso que sacudió el corazón minero de Asturias

Una explosión en la mina de Cerredo deja un saldo trágico y revive el debate sobre la seguridad en la industria extractiva

Explosión en Cerredo: El suceso que sacudió el corazón minero de Asturias

La tranquilidad del suroccidente asturiano se vio brutalmente interrumpida en la mañana del 31 de marzo de 2025, cuando una explosión sacudió la mina de Cerredo, en el concejo de Degaña. El accidente, uno de los más graves registrados en la historia reciente de la minería española, ha dejado un saldo devastador: cinco vidas perdidas y cuatro heridos de consideración.

El fatídico suceso

Eran aproximadamente las 9:30 de la mañana cuando el Centro de Coordinación de Emergencias del 112-Asturias recibió la primera llamada de alerta. Lo que inicialmente se describió como «un problema con una máquina» pronto se reveló como una tragedia de proporciones mayores. La explosión se produjo en la tercera planta de la mina, donde un grupo de trabajadores se encontraba realizando labores con un permiso de explotación relacionado con un posible uso de mineral para la fabricación de grafito.

Las víctimas mortales, todas ellas vecinas de la comarca leonesa de Laciana, tenían entre 32 y 54 años. Este dato subraya la estrecha relación entre las cuencas mineras asturianas y leonesas, unidas por una historia común de carbón y sacrificio. Entre los heridos, destaca la gravedad de un joven de 29 años con severas quemaduras, trasladado en helicóptero a un centro especializado en Castilla y León.

Respuesta de emergencia

La magnitud del accidente movilizó a un amplio dispositivo de emergencia. Bomberos de Asturias, la Brigada de Salvamento Minero de Hunosa y la Guardia Civil se desplegaron rápidamente en la zona. El Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU) activó todos sus recursos disponibles, incluyendo UVI-móviles, ambulancias y helicópteros medicalizados.

La complejidad de la operación de rescate quedó patente en las horas siguientes al accidente. Inicialmente, se reportaron cuatro personas desaparecidas, lo que generó una angustiosa espera para las familias y la comunidad. Los equipos de rescate, trabajando en condiciones extremadamente peligrosas, lograron localizar a una persona con vida y a otras tres fallecidas.

El fantasma del grisú

Aunque las investigaciones oficiales están en curso, las primeras hipótesis apuntan a una explosión por concentración de grisú, un gas altamente inflamable y letal que ha sido el responsable de numerosas tragedias en la historia de la minería. Este gas, compuesto principalmente por metano, se forma naturalmente en los yacimientos de carbón y puede acumularse en bolsas o filtrarse por grietas, convirtiéndose en una amenaza invisible pero mortal para los mineros.

La presencia de grisú en las minas de carbón ha sido un desafío constante para la seguridad minera. A lo largo de los años, se han desarrollado sistemas de detección y ventilación cada vez más sofisticados, pero el riesgo nunca desaparece por completo. El accidente de Cerredo reaviva el debate sobre la efectividad de estas medidas y la necesidad de una vigilancia aún más estricta.

Un golpe al corazón de la cuenca minera

La tragedia de Cerredo no solo ha cobrado vidas y dejado familias destrozadas; también ha golpeado el corazón de una región que lleva el carbón en sus venas. Asturias y León, unidas por una frontera que el mineral negro siempre ignoró, han declarado dos días de luto oficial en memoria de las víctimas.

Este accidente se produce en un contexto de declive de la minería del carbón en España, un sector que durante décadas fue el motor económico y social de regiones enteras. La transición energética y los compromisos medioambientales han acelerado el cierre de explotaciones, dejando tras de sí un paisaje de incertidumbre laboral y nostalgia por tiempos pasados.

El ocaso de una era

La historia de la minería en Asturias y León es una epopeya de lucha obrera, solidaridad y sacrificio. Desde las primeras explotaciones en el siglo XIX hasta el auge de mediados del XX, el carbón moldeó la identidad de estas regiones. Pueblos enteros nacieron y crecieron al ritmo de los pozos, y generaciones de familias se forjaron en la dureza del trabajo subterráneo.

Sin embargo, el declive era inevitable. La competencia del carbón importado, más barato y de mejor calidad, junto con las preocupaciones medioambientales, marcaron el principio del fin. Los planes de reconversión se sucedieron, pero no lograron frenar la sangría de empleos y el cierre paulatino de explotaciones.

La mina de Cerredo, como tantas otras, es un vestigio de esa época dorada. Su reconversión para la extracción de otros minerales, como el grafito, es un intento de adaptación a los nuevos tiempos. Pero el accidente del 31 de marzo demuestra que los peligros inherentes a la minería subterránea siguen presentes.

Un futuro incierto

La tragedia de Cerredo plantea interrogantes sobre el futuro de la minería en España. ¿Es posible mantener explotaciones seguras y económicamente viables? ¿Cómo se puede garantizar un futuro digno para las comunidades que durante generaciones dependieron del carbón?

Las respuestas no son sencillas. La transición justa, ese concepto tan repetido en los últimos años, se enfrenta a la dura realidad de un territorio que lucha por reinventarse. Proyectos de energías renovables, turismo rural y recuperación del patrimonio industrial son algunas de las alternativas que se exploran, pero el camino es largo y está lleno de obstáculos.

Mientras tanto, las familias de los mineros fallecidos en Cerredo lloran a sus seres queridos. La comunidad se une en el dolor, recordando una vez más el alto precio que tantas veces ha pagado por el carbón que calentó hogares y movió industrias. En los valles de Asturias y León, el eco de las sirenas de emergencia se mezcla con el silencio respetuoso de quienes saben que, bajo sus pies, la tierra guarda secretos y peligros que nunca dejarán de acechar.

La tragedia de Cerredo es un doloroso recordatorio de que, incluso en su ocaso, la minería sigue exigiendo sacrificios. Es un capítulo más en la larga y compleja historia de una industria que, para bien y para mal, ha dejado una huella indeleble en el paisaje y en el alma de estas tierras del norte.

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